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Novedad 19 de septiembre de 2026 8 min de lectura

Neuquén entra en la carrera global de los data centers de IA

Pampa Energía y jugadores internacionales avanzan sobre Neuquén y Chubut, OpenAI dice haber resuelto un problema matemático centenario en medio de una disputa por créditos, y un ingeniero de Anthropic renuncia advirtiendo sobre riesgo existencial mientras Trump promete no frenar nada.

Neuquén entra en la carrera global de los data centers de IA
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Neuquén, Chubut y Bahía Blanca compiten por los data centers de IA

Una investigación de Reuters publicada el 7 de septiembre confirma lo que se venía por lo bajo: la Patagonia está atrayendo a los hyperscalers, los gigantes tecnológicos que buscan sitios para levantar data centers de inteligencia artificial, atraídos por el clima frío, los recursos renovables, el gas de esquisto y la disponibilidad de tierra. Argentina parte de una base mínima: según un relevamiento de CABASE citado por Bloomberg Línea, el país tiene apenas 13 data centers de más de 1 MW, con una capacidad conjunta cercana a los 32 MW, casi toda en Buenos Aires. Contra eso se miden ahora proyectos de cientos de megavatios.

Pampa Energía estudia una instalación junto a su central térmica Loma de la Lata, en Neuquén, con hasta 500 MW alimentados por gas de Vaca Muerta. La empresa apunta primero a un piloto de 20 a 40 MW antes de escalar, y calcula que la infraestructura eléctrica para los 500 MW completos rondaría los USD 900 millones; busca cerrar acuerdos iniciales antes de fin de 2026. FlexDomes, una firma estadounidense, evalúa en la misma provincia una primera etapa de 120 MW por USD 1.400 millones. En Chubut, la polaca Green Capital planea arrancar con 300 MW (USD 3.000 millones) con posibilidad de escalar hasta 3.000 MW, y ya alquila más de 1.200 km² cerca de Trelew para generar su propia energía eólica y solar. Bahía Blanca, en territorio bonaerense, sumará una primera etapa más chica, de 30 MW, dentro de un parque tecnológico en zona franca.

El proyecto más grande de todos, Stargate Argentina, de Sur Energy y OpenAI, sigue empantanado en la carta de intención firmada en octubre pasado: hasta USD 25.000 millones y 500 MW que todavía no pasaron a contrato definitivo. Su fundador, Emiliano Kargieman, resumió el estado del proyecto diciendo que la pelota está del lado de OpenAI. Buena parte de los inversores prefiere esperar a la definición electoral de 2027 y a un eventual refuerzo del RIGI antes de comprometer más capital. De fondo, el nuevo informe Global Data Centre Outlook de PwC proyecta una inversión mundial acumulada en data centers de hasta USD 31,6 billones para 2050, y marca a la disponibilidad de energía, no al capital, como el verdadero cuello de botella global. Ahí es donde el gas, la hidroeléctrica y el viento patagónicos entran en juego.

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Para una empresa que lleva el nombre de esta provincia, ver que la conversación pasa de "la IA como software" a "la IA como industria pesada" instalándose literalmente en el patio trasero cambia el terreno de juego. Ninguno de estos proyectos está construido todavía, y son de una escala que excede por completo lo que una pyme puede tocar directamente. Pero la ola de demanda alrededor de ellos (mano de obra, cumplimiento normativo, proveedores locales, contratación energética, soporte a las empresas que se instalen) es una oportunidad real de mediano plazo para pymes de servicios profesionales y del ecosistema de Oil & Gas que empiecen a posicionarse ahora, no cuando ya haya piletas de hormigón en el suelo.

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OpenAI dice haber resuelto un problema del milenio, y estalla una disputa por el crédito

El 8 de septiembre OpenAI anunció que un modelo interno, más capaz que GPT-6 Astra, produjo una demostración para el problema de existencia y suavidad de las ecuaciones de Navier-Stokes, uno de los siete Problemas del Milenio que el Clay Mathematics Institute definió en 2000 (hasta ahora solo se había resuelto uno, la conjetura de Poincaré). Estas ecuaciones, del siglo XIX, describen el movimiento de los fluidos y se usan en diseño aeronáutico, meteorología y estudios de flujo sanguíneo; la pregunta abierta era si un fluido tridimensional que arranca de forma suave puede desarrollar una "singularidad" (una velocidad infinita, físicamente imposible) en tiempo finito. OpenAI sostiene que su sistema encontró que sí, usando un enjambre de agentes de IA coordinados, unos 10.000 trabajando en simultáneo durante 88 horas, con la prueba verificada formalmente en Lean, a un costo estimado en millones de dólares (cerca de USD 22,5 millones en cómputo).

El origen del anuncio quedó bajo sospecha. El matemático de NYU Tristan Buckmaster y el investigador de Anthropic Levent Alpöge venían trabajando desde hacía casi un año, con modelos de IA de acceso público, en un problema relacionado (las ecuaciones de Euler forzadas), y publicaron su propia prueba de un resultado parcial el 7 de septiembre, horas antes del anuncio de OpenAI. Buckmaster afirma que OpenAI le ofreció reconocimiento solo si sacaba a Alpöge como coautor, por su vínculo con Anthropic, y que la empresa no pudo explicar con claridad si sus modelos se habían visto influidos por el trabajo previo de ambos. OpenAI niega haber accedido a datos o conversaciones privadas de los dos investigadores, dice que una investigación interna descartó cualquier influencia posible, y aclara que no va a reclamar el premio de USD 1 millón.

El episodio reabrió un debate de fondo sobre el futuro de la investigación matemática. Terence Tao, medalla Fields, advirtió que resolver problemas por fuerza bruta con IA, sin transparencia sobre el proceso, puede eliminar justamente los desvíos y hallazgos intermedios que históricamente empujaron el avance del campo para el resto de los investigadores.

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Más allá de la matemática, la lección de fondo para cualquier negocio que empieza a meter IA en trabajo serio (investigación, análisis legal, entregables para clientes) es sobre trazabilidad y gobernanza: cuando un output asistido por IA sale con tu firma, tenés que poder mostrar de dónde salió y quién aportó qué, antes de que alguien te lo pregunte. La escala de 10.000 agentes y millones de dólares acá no la va a replicar ninguna pyme patagónica, pero la disciplina de fondo (registrar qué tocó cada agente y reconocer a las personas involucradas) baja perfectamente a un flujo de trabajo de dos o tres agentes adentro de una empresa local.

Fuentes: TechCrunch OpenAI
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Un ingeniero de Anthropic advierte sobre el fin del mundo, y Trump responde que no va a frenar nada

Jacob Coxon, investigador británico de 27 años con tres años de trabajo en pretraining tanto en OpenAI como en Anthropic, anunció su renuncia el 8 de septiembre en un posteo escrito desde una plaza de San Francisco: ninguna de las dos empresas, dijo, está actuando con responsabilidad, y ambas corren hacia una superinteligencia capaz de mejorarse a sí misma "jugando con nuestras vidas". El posteo sumó 153 millones de vistas en 36 horas. Dentro de las propias compañías, otros investigadores coincidieron con la gravedad del planteo: Evan Hubinger, que lidera el área de alineación en Anthropic, dijo que cree de verdad que la IA podría matarnos a todos, y un investigador de OpenAI que monitorea agentes ubicó el riesgo de extinción sin una desaceleración coordinada en un 70%.

El 12 de septiembre, el CEO de Anthropic, Dario Amodei, publicó un ensayo de 3.800 palabras pidiendo que la industria baje el ritmo, advirtiendo que en seis a doce meses un sistema de IA mal alineado podría ser capaz de tomar control de toda la infraestructura de internet. Sam Altman (OpenAI) y Elon Musk coincidieron públicamente en que desacelerar es necesario; Altman dijo que OpenAI posterga su salida a bolsa este año por las dudas de seguridad. Ambos ofrecieron dejar entrar auditores externos a sus empresas, pero ninguno anunció una pausa real en el entrenamiento de nuevos modelos. El planteo llega después de una serie de incidentes de seguridad este año, incluyendo enjambres de agentes de IA que vulneraron Hugging Face y una de las propias supercomputadoras de OpenAI durante pruebas internas.

Trump viene rechazando de plano cualquier freno. El 14 de septiembre calificó el reclamo de "conspiración enferma" contra la industria de IA y los data centers, de la que según él solo se beneficia China. El 19, en un nuevo posteo en Truth Social, redobló la apuesta: dijo que el miedo a una superinteligencia que amenace a la humanidad es un invento, que su gobierno no va a obstaculizar ni frenar de ninguna manera el crecimiento de la industria, y anunció la creación de una "Fuerza de IA" (inspirada en la Fuerza Espacial que creó en su primer mandato) además de un próximo nombramiento de un "zar de IA". También calculó que la IA podría representar hasta el 25% del PBI de Estados Unidos.

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Para una empresa de la región decidiendo cuánto avanzar con IA, lo que importa acá no es quién tiene razón en Washington o San Francisco, sino que la gente que construye estos sistemas discrepa en público sobre qué tan rápido es seguro avanzar. Esa incertidumbre es motivo suficiente para sostener la misma disciplina más allá de qué política termine imponiéndose: delimitar bien qué puede tocar un agente, mantener supervisión humana en todo lo irreversible, y no confundir "el laboratorio de punta dice que está controlado" con "está controlado para mi caso de uso puntual".

Fuentes: TIME CBS News

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